El Viaducto de Ibaizabal, situado en el valle del río Ibaizabal dentro del municipio de Amorebieta/Etxano (Bizkaia), es una de las estructuras más representativas de la ingeniería civil reciente en el País Vasco. Con una longitud aproximada de 394 metros, seis vanos de entre 53 y 75 metros y una altura máxima de 31 metros, este viaducto forma parte de un corredor ferroviario estratégico que destaca por la precisión técnica aplicada durante su ejecución.
El viaducto se resuelve mediante un tablero continuo de hormigón pretensado, configurado como un cajón unicelular de gran rigidez y excelente comportamiento estructural. Este tipo de sección permite optimizar el peso propio, mejorar la resistencia a flexión y torsión, y garantizar un comportamiento homogéneo durante las fases de empuje y servicio.
Los materiales principales empleados fueron:
Uno de los elementos más singulares del proyecto fue el carro de transporte y montaje de ferralla, fabricado específicamente para esta obra. Este carro permitió:
La fabricación del tablero requirió encofrados de acero de alta precisión, también desarrollados a medida para el proyecto. Estos encofrados estaban diseñados para:
El viaducto se ejecutó mediante técnicas avanzadas de ingeniería como el montaje de ferralla en módulos, transportados mediante el carro específico, la colocación de encofrados de acero, ajustados a la geometría del tablero, el hormigonado por fases, garantizando continuidad estructural, y el empuje incremental del tablero, una técnica habitual en viaductos de gran luz que permite construir desde un extremo sin necesidad de cimbras en el cauce.
Este método constructivo exige un control exhaustivo de deformaciones, alineaciones y tensiones internas, lo que convierte al carro de ferralla y a los encofrados en elementos esenciales para el éxito del proyecto.
El Viaducto de Ibaizabal es un ejemplo sobresaliente de cómo la ingeniería moderna combina materiales de alta calidad, procesos constructivos avanzados y equipos especializados como el carro de ferralla y los encofrados de acero. Su ejecución demuestra la importancia de la precisión y la innovación en obras de infraestructura ferroviaria de gran envergadura.